Etiquetas

amor (13) daño (7) el (6) alguien (5) siempre (4) sonrisa (4) tiempo (4) vida (4) complicado (3) corazón (3) love (3) necesito (3) perder (3) razón (3) decidir (2) felicidad (2) futuro (2) ingenuo (2) mentiras (2) muerte (2) ojos (2) planes (2) primer (2) tu (2) cambiar (1) confiar (1) crecer (1) inocente (1) juntos (1) miedo (1) nunca (1) pecado (1) perdonar (1) puta (1) recuerdos (1) remember me (1) sola (1)

jueves, 27 de octubre de 2011

Andrew Landon.

El amor es algo curioso. Esperas que sea fácil, esperas que sea un mundo de rosas y risas, momentos perfectos como los que solo se ven en las películas. Esperas decir siempre lo correcto, y saber exactamente cómo te sientes, o exactamente cómo reaccionar ante él. Esperas que él te calme cuando gritas, te persiguen, o te escapas. Esperas tanto que te sientes totalmente derrotada cuando las cosas no salen como habías planeado. Pero ese es el punto. El amor no es un plan, no tiene un comienzo determinado y, ciertamente, no tiene una meta final, o visible para aquellos que están profundamente enamorados... El amor simplemente pasa, y es tan increíblemente desordenado que las personas a tu alrededor no pueden comprender las cosas que haces, o porqué luchas tanto por algo que al parecer, te hace daño. Porque sencillamente ellos no pueden ver ese anillo de locura que te encierra cuando estás enamorado. Es incómodo, doloroso y devastador, pero a veces no podemos vivir sin él. Y lo que no aprendemos es lo difícil que es amar, cuánto trabajo se necesita, cuánto debemos de poner nosotros mismos en él. Y tal vez sólo vale la pena cuando estamos completa y absolutamente idiotas al respecto. El amor no es que él te calme cuando gritas, es gritar tan alto, tan fuerte, y tanto que puedas volar, y que esté delante de ti para despertarte y mantenerte en la tierra. No es que él te lleve rosas todos los días o cosas bonitas que hacen que una relación parezca más presentable... Es después de cada discusión, que consume la vida los dos, y sin embargo, aparezca en tu casa a la mañana siguiente. No soy yo diciéndote lo que quieres oír o saber cómo manejarte. No soy yo acariciando tú pelo, y diciéndote que todo irá bien. Es quedarse ahí, admitiendo que estoy tan asustada como tu. Hay que recordar que en el amor, no eres el único implicado, que sin saberlo, has puesto tu vida, tu corazón, en las manos de alguien más, arriesgándote a que lo rompa en mil pedazos, o que olvide que se lo entregaste a él. La realidad se hace invisible y desaparecen todas las líneas que no deberíamos cruzar. Porque el amor no se trata de encerrarnos en nosotros mismos, de sentirse a salvo, o de sentirse seguro sobre futuro. Se trata de borrar todos los nervios de nuestro cuerpo, porque todas las peleas, todas las lágrimas y todas las dudas, valen la pena. Y el infierno es mucho mejor que estar sin alguien que nos enseñe que hay un mundo de diferencia entre sentirse feliz, y ser feliz. 

lunes, 10 de octubre de 2011

co-razones


No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza por eso de que sus caderas, ya se de sobra que tiene esa sonrisa, y esas maneras y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.
Pero además la he visto seria, ser ella misma, y enserio que eso no se puede escribir en un poema.
Por eso, eso que me cuentas, de que mírala como se bebe las cervezas, y cómo se revuelve entre las baldosas, y qué fácil parece a veces enamorarse. Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción. 
Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor, es un cuento que me se desde el día en que me dio dos besos, y me dijo su nombre.
Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte, venga, hazte un peta, y me lo cuentas.
No sabes lo que es despertarte y que ella se  retuerza y bostece, luego te abrace y luego no sepas como deshacerte de todo el mundo.
Así que supondrás que soy el primero que entiende que piernas la cabeza por sus piernas, y el sentido por sus palabras, y los huevos, por un mínimo roce de mejilla.
Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa,  las incomodidades de orgullo que pueda provocarte, son algo con lo que ya cuento.
Quiero decir, que a mi de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos.
Que yo también la veo,
que cuando ella cruza por debajo del cielo, solo el tonto mira al cielo,
que se como agacha la cabeza, levanta la mirada, y se muerde el labio superior,
que conozco su voz en formato susurro, y en formato gemido, y en formato secreto,
que me se sus cicatrices,
y el sitio en que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría,
y me se lo de sus rodillas,
y la forma de rozar las cuerdas de la guitarra.
Que yo también he memorizado su número de teléfono, pero también el número de sus escalones, y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.
Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo si que no tengo cojones de decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna.
Y mira que hay tontos enamorados en este mundo...
Que se la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista.
Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino.
La he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana, no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.
Que lo de: "Mira sí, un polvo es un polvo", y eso el tesoro pintado de rojo sobre sus uñas, y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.
Que te entiendo, que yo escribo sobre lo mismo, sobre la misma. Que razones, tenemos todos. 
Pero yo, muchas más que vosotros.

Que tengo más deudas con tu espalda de las que tendrá nadie jamás con la luna...

sábado, 8 de octubre de 2011

sábado, 1 de octubre de 2011