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jueves, 27 de octubre de 2011

Andrew Landon.

El amor es algo curioso. Esperas que sea fácil, esperas que sea un mundo de rosas y risas, momentos perfectos como los que solo se ven en las películas. Esperas decir siempre lo correcto, y saber exactamente cómo te sientes, o exactamente cómo reaccionar ante él. Esperas que él te calme cuando gritas, te persiguen, o te escapas. Esperas tanto que te sientes totalmente derrotada cuando las cosas no salen como habías planeado. Pero ese es el punto. El amor no es un plan, no tiene un comienzo determinado y, ciertamente, no tiene una meta final, o visible para aquellos que están profundamente enamorados... El amor simplemente pasa, y es tan increíblemente desordenado que las personas a tu alrededor no pueden comprender las cosas que haces, o porqué luchas tanto por algo que al parecer, te hace daño. Porque sencillamente ellos no pueden ver ese anillo de locura que te encierra cuando estás enamorado. Es incómodo, doloroso y devastador, pero a veces no podemos vivir sin él. Y lo que no aprendemos es lo difícil que es amar, cuánto trabajo se necesita, cuánto debemos de poner nosotros mismos en él. Y tal vez sólo vale la pena cuando estamos completa y absolutamente idiotas al respecto. El amor no es que él te calme cuando gritas, es gritar tan alto, tan fuerte, y tanto que puedas volar, y que esté delante de ti para despertarte y mantenerte en la tierra. No es que él te lleve rosas todos los días o cosas bonitas que hacen que una relación parezca más presentable... Es después de cada discusión, que consume la vida los dos, y sin embargo, aparezca en tu casa a la mañana siguiente. No soy yo diciéndote lo que quieres oír o saber cómo manejarte. No soy yo acariciando tú pelo, y diciéndote que todo irá bien. Es quedarse ahí, admitiendo que estoy tan asustada como tu. Hay que recordar que en el amor, no eres el único implicado, que sin saberlo, has puesto tu vida, tu corazón, en las manos de alguien más, arriesgándote a que lo rompa en mil pedazos, o que olvide que se lo entregaste a él. La realidad se hace invisible y desaparecen todas las líneas que no deberíamos cruzar. Porque el amor no se trata de encerrarnos en nosotros mismos, de sentirse a salvo, o de sentirse seguro sobre futuro. Se trata de borrar todos los nervios de nuestro cuerpo, porque todas las peleas, todas las lágrimas y todas las dudas, valen la pena. Y el infierno es mucho mejor que estar sin alguien que nos enseñe que hay un mundo de diferencia entre sentirse feliz, y ser feliz. 

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