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martes, 27 de marzo de 2012

LovingStrangers

Que no me importa lo que digas, ni lo que pienses. Que no me importa el tiempo que pase, ni las pocas ganas de besar que nos queden. Que no me importan tus errores, ni los míos, ni los errores de aquellos que nos llevaron a cometerlos. Que me da igual que no me mires con la misma fuerza de antes, que a mí me sobra fuerza para ti.

domingo, 4 de marzo de 2012

Always the end.

La desesperación.
Se supone que todo iba bien, que no había motivos para enfadarse. No había razón alguna para llorar, para sentirse sola. No tenía porqué negarle la palabra, o un beso. Ni siquiera había motivos para que estuviera celosa, o para pensar que todo aquello era culpa suya.
Pero no podía evitarlo. Siempre la misma sensación, esa ira que le comía por dentro, que le estaba destruyendo, que no le dejaba disfrutar de él, ni dormir por las noches. Esa rabia contenida, en forma de ceño fruncido, o de una mala contestación. No podía evitar sentirse así, sabía que no era culpa suya, pero le faltaba algo. Y en este momento él era todo lo que tenía. Y sin darse cuenta fue rompiendo todo, echándolo a perder, todas las sonrisas, las tardes juntos, todos los planes de futuro, las noches sin dormir, las caricias, los besos, los abrazos, los domingos, las llamadas nocturnas.. 
Todo estaba desapareciendo, sin saber cómo ni porqué. Ya no le quedaban fuerzas. Sabía perfectamente que era ella. Era su falta de confianza. Las cicatrices del pasado. Esas marcas que te hacen recordar todo el daño que te han hecho. Te hacen recordar y duele, duele tanto como si fueran de ayer. Y a pesar de que lo que evitaba era ese dolor, esta situación le dolía sino igual, aún más. Porque ya no quedaba ni un resquicio esperanza, solo desesperación.